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martes, 24 de abril de 2012

"Estáis todos despedidos"

La jornada arrancó con una soporífera monotonía. Los empleados de Aviva Investors, una de las divisiones de la aseguradora británica, encendieron sus ordenadores y dejaron que éstos fueran descargando pesadamente la ristra de correos electrónicos acumulados durante horas. Entre ellos, uno destacaba sobre el resto. Lo remitía el área de recursos humanos y el contenido no podía ser más contundente y demoledor: el destinatario del mismo era notificado de su fulminante despido y debía dejar su tarjeta de acceso a la oficina y demás contraseñas en la conserjería de entrada tan pronto como abandonaran el edificio. La caja de cartón con fotos y enseres personales tan típica de las películas norteamericanas. Y de pronto se hizo el silencio. Caras largas y pesados suspiros. Y hablamos en plural, puesto que el área de recursos humanos de la compañía, había enviado por error el citado correo a los 1.300 empleados de la compañía.
Los ‘peligros’del e-mail
Un último café. La máquina de café se convertiría una vez más en un punto de encuentro y desahogo para los empleados de la compañía. Esta vez no habría intercambio de impresiones sobre fútbol, el tiempo o política. Los atónitos empleados manejaban pesadamente la máquina de café, hasta que alguno de ellos, suponemos, espetó al otro: “tengo algo que decirte: me han despedido” Y fue en ese momento en el que el grupo gritaría al unísono: “Y a mí también!” El eco de esta respuesta corrió por toda la oficina porque ahí no quedaba títere con cabeza.
El mencionado correo electrónico había sido repartido por igual a todos los empleados de la firma en todo el globo. Fue en ese momento cuando los responsables del envío reconocieron el error: alguien había pulsado el “enviar a todos”en algún momento del proceso y el desaguisado estaba hecho. Desde luego no es ni la primera ni será la última vez que suceda un hecho similar. Si lo recuerdan, a finales del año pasado un ejecutivo ocupó las portadas de los principales medios al pulsar equivocadamente un botón en el programa de correo y escribir el ya conocido “eres demasiado idiota para tener trabajo”.
Un sólo botón, una distancia de apenas unos milímetros que separa el devenir natural de una jornada de trabajo, a transformarla en un auténtico infierno. Pero no crean que todo quedó en un susto para todos los empleados: la incendiaria misiva en realidad sí tenía como destinatario a uno de ellos que tuvo que enfilar la puerta de salida. “Este correo se tenía que haber enviado a una sola persona” reconoció Paul Lockstone, portavoz de la compañía. “Por desgracia, se envió a los empleados de todo el mundo. En ocasiones, las cosas salen mal” afirmó. Aviva se disculpó ante sus empleados en otro correo que, éste sí, tranquilizó a todo el mundo.

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